Víctor Arufe: “La innovación se fomenta dando a los niños tiempo para que se aburran”

Destaca que la tecnología hay que saber usarla y dosificarla, así como la importancia del ejercicio físico para la salud emocional.

Víctor Arufe, profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de A Coruña, Premio SIMO 2019 a la Mejor Experiencia Didáctica Innovadora de Gamificación y Mejor Docente 2017 según EDUCA ABANCA, aborda en esta entrevista que concede a los Colegios Zola la importancia de la creatividad, la innovación y las emociones en la educación. Actualmente, está trabajando en un proyecto de gamificación basado en la serie La Casa de Papel que publicará en su blog www.victorarufe.com.

¿Qué es la innovación educativa y cómo se debería plantear en los centros escolares?

Para mí innovar es caminar por un sendero por el que nadie ha transitado o por el que pocas personas se han atrevido a caminar. La innovación surge especialmente en las personas creativas, en aquellas que dominan varios ámbitos de conocimiento y en personas atrevidas con cierto toque de “locura”.
La innovación está muy arraigada a la tecnología por sus orígenes pero podemos innovar de muchas otras formas. Tampoco debe ser una obsesión; si se busca, costará más encontrarla.

¿Qué pueden hacer tanto educadores como padres para fomentar la innovación en sus alumnos/hijos?

Algo tan sencillo como potenciar su creatividad permitiendo a los niños tiempo para aburrirse, animándolos y ofreciéndole la posibilidad de hacer ejercicio físico y juego libre durante sus tardes y fines de semana y favorecer el pensamiento crítico. Con estos ingredientes básicos y con el conocimiento sobre diferentes ámbitos de estudio que le puede aportar la escuela ya estamos creando la semilla de una persona innovadora.

La innovación a veces se identifica exclusivamente con tecnología. ¿Qué papel debe jugar la tecnología en las aulas? ¿Y en las familias?

Sí, así es. La innovación surgió principalmente del ámbito de la tecnología; y la escuela ha acogido muchas de estas nuevas herramientas tecnológicas. Hoy en día hay miles de aplicaciones, productos y servicios para el ámbito educativo, creo que no hay ningún profesor que conozca todos los que existen. Por eso, la tecnología siempre hay que saber usarla y dosificarla no podemos eclipsar nuestra docencia con ella. Por supuesto muchas veces nos facilita las tareas pero también es cierto que en ocasiones se puede ser un buen profe sin recursos tecnológicos. Lo importante es saber conjugar y medir el uso de cada metodología o herramienta TIC.

Fue elegido mejor docente en 2017, ¿cuáles crees que son las claves para fomentar el deseo de aprender en las aulas?

Yo creo que los profesores nos tenemos que centrar en el alumnado, puede resultar algo muy obvio pero lo cierto es que actualmente con la cantidad de carga burocrática que existe, la adaptación a las continuas reformas educativas, el excesivo número de alumnos por aula, la falta de recursos en muchos centros, etc, al final el profesor sobrevive en el aula y quizá nos estamos olvidando de que todos nuestros esfuerzos han de ir hacia la mejora de la calidad de la enseñanza y aprendizaje en el alumnado.

Y las claves para acabar con el fracaso escolar serían…

A mí no me preocupa el fracaso escolar, me preocupa el sistema educativo. Los alumnos no han fracasado hemos fracasado nosotros que no hemos sido capaces de establecer un sistema educativo que atienda a todas las características de los niños. Hay un documento oficial que está imponiendo lo que tienen que aprender los alumnos, cómo lo tienen que aprender, en qué tiempo lo tienen que aprender y cómo se evalúa y califica su aprendizaje. Esto ya es el primer fracaso del sistema. Es imposible enseñar todos los contenidos que existen en todas las áreas de conocimiento a un niño de 8, 10 o 12 años. Alguien ha elegido por ellos algunas materias y determinados conocimientos menospreciando los intereses de todos los niños. Si un niño quiere disfrutar de la música, la escuela le da la espalda y no se lo permite, lo mismo sucede con la Educación Física o la educación artística. Pero también sucede que niños con intereses hacia las matemáticas o lengua castellana acaben odiándola. ¿Qué sucede entonces? ¿Quién es el fracasado?

¿Cuál es el papel entonces de la escuela?

La escuela debería responder a los intereses de cada niño. Debería arropar esos intereses que cada uno de nosotros tenemos en determinadas materias o ámbitos de conocimiento. Sin embargo, lo que hace es evaluarlos y calificarlos haciendo un ranking de niños que memorizan mejor estos contenidos y otros que son los fracasados que los memorizan peor y obtienen peores calificaciones.

Incluso en niños que no tuviesen interés hacia una materia, si como profesores fuésemos capaces de conseguir que se enamore de nuestros contenidos obtendríamos el mejor premio docente, que es el de ser capaz de despertar interés hacia el aprendizaje de nuestros contenidos en un niño que no tenía ningún interés. Pero lógicamente para esto hay que trabajar sin presión, con pasión, con un número bajo de alumnos y especialmente con tiempo para masticar y digerir lentamente lo que se enseña, utilizando metodologías activas que son las que más tiempo consumen en el aula pero las que mayor aprendizaje y disfrute producen.

Es importante destacar que mi discurso no se dirige a los coles y profes, que hay muchos centros que hacen una labor fantástica dentro de sus posibilidades, sino al sistema educativo actual y el trato que está recibiendo la educación desde el ámbito político que son quienes imponen todo para que los centros posteriormente cumplan con estas obligaciones.

¿Qué papel juegan las emociones en la educación?

Las emociones lo son todo. No se puede entender ninguna intervención en una persona si no se tienen herramientas en el ámbito de la educación emocional. Todo el profesorado debería estar muy formado en el trabajo de inteligencia emocional, al igual que las familias. Un buen estado emocional nos proporciona el verdadero disfrute de la vida, en este sentido, el permitir que los niños hagan deporte o ejercicio físico es la primera estrategia para trabajar las emociones. Cientos de artículos científicos confirman el importante papel del movimiento sobre la salud emocional.
Mientras seguimos teniendo a los niños atados en sus sillas 5 horas diarias de poco servirá el trabajo emocional teórico que hagamos.